
Y, de repente, hay un interior y un exterior. Uno puede estar dentro o fuera. ¡Brillante! Y eso significa —¡igual de brillante! — esto: umbrales, cruzos, la pequeña puerta en forma de tragaluz, la casi imperceptible transición entre el interior y el exterior, una increíble sensación de lugar, una inverosímil sensación de concentración cuando de pronto nos volvemos conscientes de estar encerrados, de algo que nos envuelve, manteniéndonos unidos, sujetándonos — sea que seamos muchos o uno solo. Un espacio para individuos y lo público, para lo privado y las esferas públicas.
La arquitectura sabe de esto y lo utiliza. Y o tengo un castillo. Es donde vivo y esa es la fachada que presento al mundo exterior. La fachada dice «Soy, puedo, quiero— en otras palabras, lo que el propietario y su arquitecto quisieron cuando la construyeron». La fachada también dice: «pero no te voy a mostrar todo».
– Peter Zumthor en «Atmósferas«

